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26 Oct 2018
Acaros otoño

Recomendaciones para afrontar la alergia a los ácaros en otoño

Con motivo de la mayor incidencia de la alergia a los ácaros durante el otoño, la SEICAP ha elaborado unas recomendaciones para prevenir los síntomas.

En otoño, con el aumento de la humedad y bajada de temperaturas, se producen las mejores condiciones para la propagación de los ácaros del polvo, una especie de arácnido diminuto que habita en lugares oscuros y húmedos. Suelen causar alergia con frecuencia en los niños, sobre todo en las zonas costeras y en las islas, y en general en aquellos lugares con una temperatura en torno a los 21 grados y una humedad del 70%. Es por eso que en zonas de meseta son causa poco frecuente de alergia y apenas están presentes en las de montaña.

La alergia a los ácaros se conoce de forma habitual como alergia al polvo, pero en realidad son los ácaros que habitan en él lo que más reacciones desencadenan, aunque no penetran en el interior del cuerpo humano. Al alimentarse desprenden unas partículas que quedan suspendidas en el aire que son la que originan síntomas como la conjuntivitis, la rinitis o la dermatitis atópica, entre otros. De hecho, este tipo de alergia es la causa de asma infantil más frecuente. Además, es posible que provoquen problemas digestivos e incluso anafilaxias si se ingieren alimentos contaminados con estos animales microscópicos.

Cabe resaltar que estos diminutos arácnidos, de apenas un milímetro, no provienen de la calle, sino que viven en el interior de las casas. Se almacenan con más facilidad en rincones oscuros, con una humedad elevada y donde puedan encontrar alimento para subsistir. Los ácaros se alimentan de polvo y  restos de piel humana que se desprende y almacena en almohadas, sábanas, sofás, etc. Pueden vivir también en lugares donde se almacenan alimentos vegetales, especialmente harinas.

¿Es posible eliminarlos? Aunque están muy presentes en los hogares, es posible minimizar su presencia siguiendo estas 6 recomendaciones de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP):

  1.     Aspirar la casa en lugar de barrerla

Barrer favorece la dispersión y elevación del polvo, por lo que es más recomendable limpiar el suelo con un aspirador. Lo ideal es utilizar aspiradores con filtro de agua ya que retienen mejor los ácaros en su interior.

 

  1.     Utilizar fundas antiácaros o ropa de cama sintética

Los colchones tienen muchos huecos entre los muelles donde es fácil que se acumulen. Los que son de tejidos sintéticos como el látex o viscoelásticos, son macizos y por lo tanto menos proclives a que se almacenen, pero si no se pueden obtener, las fundas antiácaros también son un remedio eficaz ya que impiden el paso de las partículas.

 

  1.     Procurar que el dormitorio sea luminoso

Los ácaros habitan en zonas oscuras debido a que la luz del sol les perjudica, por ello conviene que un niño con alergia disponga de una habitación en la que entre abundante luz solar.

 

  1.     Evitar peluches, cojines y otros elementos que acumulen polvo

Los peluches, los cabeceros de la cama tapizados, las alfombras o la lana, son elementos en los que el polvo y los ácaros se acumulan más. Es conveniente que la habitación de los menores alérgicos esté libre de ellos o que se limpien a menudo.

 

  1.     Ventilar la habitación varias veces al día

En otoño e invierno, con el frío y las lluvias se ventila menos la casa, pero es importante que si hay niños alérgicos a los ácaros, se haga con frecuencia, especialmente su habitación o zonas donde pase gran parte del tiempo.

 

  1.     Usar la calefacción o la bomba de calor para resecar el ambiente

Un ambiente reseco ayuda a eliminar a los ácaros. Es recomendable cambiar los filtros cada cierto tiempo para evitar la acumulación en ellos y su posterior dispersión. En cuanto al uso de deshumidificadores, desionizadores y purificadores, que ayudan a reducir la cantidad de partículas suspendidas, es preferible consultar con el pediatra alergólogo sobre su posible uso para que determine si son o no convenientes.

 

La principal recomendación de los especialistas siempre es la evitación del elemento alergénico, que, en este caso, se trata de los ácaros. En ocasiones no es posible hacerlo o, aun haciéndolo, los síntomas se intensifican. Cuando esto ocurre el pediatra alergólogo determinará, en función del grado de intensidad de la sintomatología, si es posible recurrir a las vacunas.