4 de enero de 2018

Cómo se utiliza el autoinyector de adrenalina en casos de anafilaxia

Noticia

Una reacción alérgica puede manifestarse de varias formas pero, sin duda, la más grave y peligrosa de todas ellas es el shock anafiláctico. Este tipo de episodios se caracterizan por la asociación de síntomas que afectan de forma simultánea a varios órganos, lo que hace que baje la tensión arterial. Estas señales aparecen de forma brusca y, si no se actúa con rapidez, se puede poner en peligro la vida del niño. 

Ante un claro caso de anafilaxia, el tratamiento que es imprescindible administrar con urgencia es la adrenalina. También llamada epinefrina, es una hormona que se produce de forma natural en las glándulas suprarrenales y que se libera en situaciones de estrés, peligro o miedo, con el fin de que el cuerpo esté preparado y en alerta ante un riesgo. Como fármaco, se usa en pacientes con reacciones asmáticas o alérgicas graves. De hecho, toda persona propensa a tener este tipo de episodios –o que lo haya sufrido en otra ocasión– y que se lo haya recetado su médico, debe llevar consigo, en todo momento, una dosis de adrenalina autoinyectable, ya que una reacción de estas características puede ocurrir de manera inesperada.

¿Cómo se utiliza la adrenalina autoinyectable?

Pero ¿cómo se utiliza la adrenalina autoinyectable? En realidad es muy sencillo, lo que sucede es que falta formación en este sentido en ámbitos como el colegio y, cualquiera que se enfrente a un episodio de anafilaxia, puede no saber utilizarlo o, incluso, bloquearse en el momento menos apropiado. Los autoinyectores de epinefrina son unos dispositivos de inyección, similar a un bolígrafo dentro de un tubo de plástico, en el que viene la dosis que, en principio, necesita un niño que está sufriendo un shock anafiláctico. Si esto ocurre, lo primero que hay que hacer es desbloquear el aparato retirando la tapa de seguridad de la parte superior –azul o amarilla, según la marca–.

Después, es necesario sostenerlo con la mano dominante por la zona intermedia, como si se tratara de un puñal, y con el extremo más estrecho –la parte naranja o negra, según el caso– mirando hacia la parte exterior del muslo, a unos diez centímetros de distancia. A continuación, se presiona de forma enérgica contra el muslo haciendo presión y se mantiene en esa postura durante diez segundos. Es aquí cuando la aguja que lleva integrada el dispositivo se dispara de forma automática y se inyecta la adrenalina, incluso, con la ropa puesta. Una vez pasado este tiempo, se retira y se masajea la zona durante otros diez segundos.

Tras la administración de la epinefrina, es fundamental llamar al servicio de emergencias para que acudan cuanto antes al lugar donde se encuentra el menor que ha sufrido la anafilaxia. Si los síntomas persisten, es probable que se necesite una segunda dosis de adrenalina, que se administrará pasados entre cinco y quince minutos de la primera.

En caso de no saber si realmente se está produciendo un episodio de anafilaxia, siempre es mejor aplicar una dosis de esta medicación que no hacerlo, puesto que los efectos adversos son leves y transitorios. Incluso, es recomendable administrarlo si el autoinyector está caducado, en caso de no tener otro autoinyector, aunque será como si le pusieran una dosis incompleta, pero no causará daños al niño. No obstante, conviene comprobar de forma periódica el estado de la solución para, en caso de alcanzar la fecha de caducidad, reemplazarla por una nueva.