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3 Ene 2019
Ciprés-polen-invierno

¿Se puede tener alergia al polen en invierno?

En los meses de invierno también pueden desarrollarse procesos de rinitis, conjuntivitis o asma, debido a la polinización de las plantas de la familia de las cupresáceas.

La alergia al polen afecta aproximadamente al 30% de la población joven española, y su incidencia cada vez es mayor entre los niños pequeños. Aunque esta alergia se asocia habitualmente a los meses primaverales, hay plantas que polinizan en los meses de invierno, y que pueden desencadenar procesos alérgicos respiratorios en esta época del año, originando rinitis, conjuntivitis y asma.

La mayoría de las patologías alérgicas en invierno son causadas por la familia de las cupresáceas. Este tipo de plantas, que incluye los cipreses, las arizónicas o las tuyas, polinizan en los meses más fríos del año, alcanzando sus niveles más altos en enero y febrero. Según la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI) el polen de estas especies supone el aeroalérgeno más común de los meses de invierno en algunas ciudades mediterráneas.

Alergia al polen en invierno

Las cupresáceas suelen estar cada vez más presentes en jardines y setos de urbanizaciones, parques o colegios, por lo que la alergia al polen de estas plantas se está incrementando en los últimos años, y es más frecuente en los núcleos urbanos. Además, la contaminación también influye en la capacidad de estas plantas de generar pólenes más agresivos, que necesitan una menor concentración alergénica para irritar las vías aéreas de la población infantil y favorecer su inflamación.

De hecho, un estudio internacional publicado en la revista Asia Pacific Allergyconcluye que factores ambientales como la contaminación están detrás de que la rinitis alérgica esté aumentando en prevalencia a nivel mundial, y de que los grupos de población más afectados por esta enfermedad sean los niños y los adolescentes.

Síntomas de la alergia al polen

Al igual que ocurre con la alergia primaveral, los síntomas de la alergia al polen de las cupresáceas en invierno incluyen prurito nasal, ocular, faríngeo; estornudos, secreción nasal, sibilancias o cansancio. Si bien, dada la época en la que se producen, estos síntomas pueden confundirse con los de los refriados o la gripe, dos afecciones que incrementan su incidencia en invierno.

La principal diferencia entre la rinitis alérgica y los catarros es su duración. Así, en los casos de alergia al polen síntomas como los estornudos y la congestión nasal se prolongan durante varias semanas con una intensidad variable, mientras que en los resfriados suelen tener una menor duración.

Por otra parte, los síntomas de la alergia se ven afectados por el clima. Los días más secos y fríos favorecen que se produzca un aumento de los niveles de polen, mientras que en los días lluviosos la concentración es menor y existe menos riesgo de que los niños entren en contacto con el alérgeno.

Prevención de la alergia al polen

Desde la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) se propone una serie de recomendaciones para prevenir los efectos de la alergia al polen en los niños durante el invierno. Entre ellas, se encuentran la de ventilar adecuadamente la vivienda ya que, aunque las temperaturas en estos meses del año sean bajas, mantener todas las estancias cerradas y con la calefacción encendida genera un ambiente más seco, donde el polen se concentra con mayor facilidad.

También es recomendable evitar los paseos por zonas ajardinadas los días con niveles altos de polen, pues es donde hay más predominancia de plantas de la familia de las cupresáceas. En los casos más extremos, también se aconseja usar mascarillas, para evitar en todo lo posible el contacto con las partículas del polen.

El tratamiento de los síntomas de la rinitis alérgica puede incluir antihistamínicos orales o inhaladores, en el caso que se haya desarrollado asma. También hay tratamientos dirigidos al origen de la enfermedad, con vacunas subcutáneas o de administración oral (inmunoterapia sublingual). Ante la persistencia o el agravamiento de los síntomas, se debe acudir al pediatra alergólogo para que realice las pruebas pertinentes y prescriba el tratamiento más eficaz.