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22 Ene 2018
Prevención

¿Se puede prevenir la alergia?

En las últimas cuatro o cinco décadas, la frecuencia de la alergia en los niños ha ido creciendo de forma paulatina, con el consiguiente impacto en la calidad de vida que esto supone. Se calcula que el 25% de las personas tiene algún tipo de alergia y éstas son muy frecuentes en la edad infantil, por lo que las consecuencias socioeconómicas son muy importantes y muy superiores a las de hace algunas décadas. 

En la presencia de la alergia pueden influir factores como el lugar de nacimiento, el clima, la vegetación, la contaminación, las infecciones o la alimentación. Por lo tanto, muchos padres se preguntan si se puede prevenir. Se trata de una duda difícil de resolver al no tener datos objetivos. Por un lado, hay niños con antecedentes familiares de alergias ambientales, con asma o atopía, que tendrán una especial predisposición a padecer algún tipo de alergia, lo cual no significa que la vayan a tener. En caso de duda, los padres pueden plantear su caso al pediatra que, basándose en una completa historia clínica, valorará esa predisposición. El estudio alergológico no se realiza de forma rutinaria y se reservará para casos muy concretos.

Existen niños con riesgos especiales de alergia, como aquellos que desde pequeños deben someterse a varias operaciones, en los que habrá una mayor predisposición a ser alérgico al látex. Por otro lado, aquellos que ya han desarrollado alguna alergia tienen mayor facilidad para asociar otras. De todos modos, será el pediatra quien, junto con el paciente, determine qué medidas preventivas se tomarán y durante cuánto tiempo.

Recomendaciones para evitar la alergia

En el caso de las enfermedades de la piel, como la dermatitis atópica –una enfermedad que se diagnostica en el 50% de los casos durante el primer año de vida–, la hidratación como prevención es primordial. Según la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), es necesario cuidar la piel del recién nacido desde el principio, manteniéndola limpia e hidratada e impidiendo que esta se reseque, con el fin de evitar esta patología en niños con predisposición genética a enfermedades alérgicas.

La prevención en el caso de las alergias alimentarias es controvertida. Existen corrientes que defienden que, cuando se trate de un menor con riesgo de desarrollar alergias,  éstas se pueden prevenir no tomando dicho producto o, en el caso de no poder evitarlo, introducirlo en la alimentación del niño lo más tarde posible. Sin embargo, estudios recientes realizados en grupos concretos de pacientes de riesgo, han demostrado que la introducción precoz de determinados alimentos puede prevenir el desarrollo de alergias. Esto no puede aplicarse a todos los niños ni a todos los alimentos. Por lo tanto, serán necesarias más investigaciones al respecto para confirmar cómo y cuándo proceder a la introducción de alimentos en pacientes con riesgo de alergia.

En este sentido, la exposición a los alérgenos durante el embarazo podría ser positiva, según un trabajo realizado por expertos del Boston Children’s Hospital y publicado en el Journal of Experimental Medicine. Así, en esta investigación señalan que consumir alimentos que provocan alergias, como los huevos o frutos secos, durante los nueve meses de gestación, puede proteger al bebé de las alergias, sobre todo, gracias a la leche materna. De esta forma, se induce a la tolerancia a los alimentos de una forma natural. Por otro lado, la exposición al humo del tabaco y la contaminación  durante los nueve meses de gestación no son recomendables. Según la SEICAP, estos son, junto con el estrés y una dieta poco saludable, los principales factores de riesgo de enfermedades alérgicas en la infancia, como puede ser el asma.

En los primeros meses de vida también se pueden seguir algunos consejos de prevención. En el caso del recién nacido, los expertos recomiendan la leche materna en lugar de la lactancia artificial. Si se escoge esta última opción, en los niños propensos a desarrollar alergias se aconseja el uso de leches hidrolizadas frente a la leche adaptada normal.