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4 Mar 2019
Pruebas de alergia en niños

    ¿Cómo, cuándo y a qué niños se les hacen las pruebas de alergia?

    Los síntomas que se presenten de forma prolongada o se repitan con frecuencia deben ser estudiados por un pediatra alergólogo.

    Cuando un niño tiene síntomas como asma, rinitis, conjuntivitis, dermatitis atópica, edema, reacciones con alimentos o síntomas digestivos, entre otros, se puede sospechar que sufre algún tipo de alergia, aunque pueden existir otras causas. Deberán ser estudiados por un pediatra alergólogo aquellos casos en los que los síntomas se presenten de forma prolongada o se repitan con frecuencia con intervalos sin síntomas; y también cuando exista una relación clara entre la sintomatología y el haber tocado, respirado o comido alguna sustancia. Además, aunque no haya sospecha, puede ser que el niño presente unos síntomas intensos, frecuentes o duraderos, que tenga alguna complicación o que vea dificultada su calidad de vida. En estos casos también será necesario hacer las pruebas de alergia.

    El estudio realizado por el pediatra alergólogo comprende el análisis de aquellas sustancias, llamadas alérgenos, que pueden causar alergia de forma más o menos frecuente, en función de la enfermedad, la edad o la zona de residencia del niño. Según los datos de cada paciente se hacen unas pruebas u otras, ya que hay diversos tipos.

    Tipos de pruebas de alergia

    En función de la historia clínica del pequeño, el pediatra alergólogo determinará qué tipo de prueba le realiza. Dependiendo de las circunstancias y de los resultados estas pruebas se repetirán de forma periódica o  se harán una única vez:

    •          Análisis de sangre: los más comunes son los de IgE total e IgE específica. La primera indica el grado de predisposición del niño a sufrir alguna alergia, es decir, su facilidad para desarrollarla. El nivel normal de este tipo de IgE varía en función de la edad del menor, para lo que existen unas tablas con los valores de referencia asociados a cada edad. Por su parte, la IgE específica determina si hay alergia concreta contra un alérgeno determinado e identificado.

     

    •          Pruebas cutáneas: se utilizan para confirmar si el niño tiene IgE específica frente al alérgeno probado. Si la tiene entonces se concluye que la prueba es positiva y que está sensibilizado. Lo habitual es hacerlas en el brazo y se conocen como ‘prick test’. Consisten en poner una gota de líquido con el alérgeno sospechoso y hacer una punción en la piel a través de la gota. De esta manera, la sustancia  penetra en la piel y, si al cabo de unos 15-20 minutos la piel se abulta y enrojece, lo que se conoce como pápula, existirá alergia. Para ello esa pápula tiene que tener un tamaño mínimo de unos 3 milímetros de ancho. Los alérgenos se estudian de forma individual, por lo que el número de pruebas a realizar vendrá determinado por los distintos alérgenos sobre los que exista sospecha.

     

    Para comprobar la eficacia de esta prueba, se realizan también dos de control; una con suero y otra con histamina utilizando el mismo procedimiento. La de suero no tiene que dar reacción, por lo que debe ser negativa, mientras que la de la histamina sí debe provocar la formación de una pápula y salir positiva. Si no ocurre de esta forma, la prueba de alergia no es válida. Puede ser que el suero de reacción porque el niño tenga una piel excesivamente sensible, y en estos casos se llama falso positivo. Por su parte, si la histamina no da reacción  es porque la piel no está respondiendo bien, lo que se conoce como falso negativo, ya que cualquier persona, tenga o no alergia, reacciona ante  esta sustancia.

     

    •          Pruebas funcionales respiratorias: sirven para valorar la capacidad pulmonar. Se realizan en aquellos niños con asma o con rinitis, sea o no alérgica, así como en aquellos que tengan enfermedades pulmonares distintas del asma. Existen varios tipos de pruebas respiratorias entre las que se encuentran la espirometría, la oscilometría, la pletismografía, la difusión o el óxido nítrico exhalado. Todas necesitan la colaboración del paciente ya que alguna de ellas son difíciles de realizar, en función de la edad del niño y su estado.

    Las pruebas de provocación bronquial  se realizan para ver la hiperreactividad bronquial en las que el paciente inhala una determinada sustancia para ver cómo reaccionan sus bronquios.

    •          Pruebas de exposición, provocación y tolerancia: consisten en exponer al niño al alérgeno al cual está sensibilizado para reproducir los síntomas. Las pruebas de provocación son para confirmar el diagnóstico. Las pruebas de exposición se realizan cuando se ha objetivado un descenso en el valor de la Ige específica y pruebas cutáneas que puede indicar que el paciente ya puede tolerar ese  alérgeno

    Las pruebas de tolerancia se realizan cuando todos los datos que tenemos son negativos o no hay relación causa efecto

    La prueba consiste en administrar dosis crecientes del alimento o fármaco implicado hasta llegar a una ración del alimento o la dosis terapéutica del fármaco.

    La provocación conjuntival consiste en administrar una gota del alérgeno sospechoso en el saco conjuntival a diferentes concentraciones y observar la aparición de eritema o prurito, momento en que se para la prueba. La provocación nasal es parecida pero se realiza inhalando a través de las fosas nasales el alérgeno sospechoso.

    Con los resultados de las pruebas, el pediatra alergólogo determinará cuál es el tratamiento más eficaz para el niño y llevará a cabo un seguimiento para ver cómo evolucionan los síntomas, si estos disminuyen o pueden llegar a desaparecer. La valoración, cambio o retirada del tratamiento lo realizara siempre el pediatra alergólogo.