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23 Sep 2019
Cómo actuar ante una anafilaxia

¿Cómo actuar ante una anafilaxia?

El doctor Juan Carlos Juliá, coordinador del Grupo de Trabajo de Educación Sanitaria de la SEICAP, explica en este vídeo la importancia de actuar de forma adecuada y rápida ante una anafilaxia.

La anafilaxia es una reacción alérgica en la que están afectados dos o más órganos del cuerpo, casi siempre suele estar afectada la piel pudiendo asociar síntomas respiratorios, digestivos o incluso en los casos más graves cardiovasculares. Se trata de la reacción alérgica más grave que puede producirse y que puede resultar mortal si no se actúa de forma precoz y se administra el tratamiento de rescate correspondiente en estos casos, el autoinyector de adrenalina. Se estima que una de cada cinco reacciones anafilácticas en niños se produce fuera de la vivienda por lo que será primordial que tanto los familiares como el entorno del menor, amigos, profesores, monitores de actividades, etc.; conozcan el historial clínico del menor y el modo de actuar en caso de emergencia.

El doctor Juan Carlos Juliá, coordinador del Grupo de Trabajo de Educación Sanitaria de la SEICAP, explica en este vídeo la importancia de actuar de forma rápida ante este tipo de situaciones. En primer lugar lo que nunca debe hacer es dejar al niño que sufre una anafilaxia solo, buscar ayuda en alguien próximo y llamar al servicio de emergencias. Si el niño está diagnosticado, por lo general, llevará consigo el autoinyector de adrenalina para administrar en caso de necesidad, y será la persona que esté con él en ese momento la encargada de aplicarlo lo antes posible, pues la rápida intervención puede salvar su vida. Está comprobado que cuanto más retraso haya en la administración de adrenalina más resistente será la anafilaxia al tratamiento.

El autoinyector de adrenalina debe utilizarse en el momento en el que se sospecha que el niño está sufriendo una anafilaxia. Se puede emplear a través de la ropa en caso de emergencia ya que no supone ningún impedimento para que la aguja del autoinyector pueda atravesarla. Debe aplicarse en la parte externa del muslo y dependiendo de si es pequeño, se deberá sujetar al niño con las piernas del adulto y los brazos para evitar que se mueva. Si es más mayor podemos situarle en una posición cómoda para facilitar su administración. Lo ideal es que las personas que estén al cuidado del menor estén entrenadas en el manejo y uso de los autoinyectores de adrenalina para aplicarlo sin miedo cuando el niño pueda sufrir una anafilaxia.

En este sentido, la ley ampara al personal docente, cuidadores y a cualquier persona que esté a cargo del menor, ya que están en su deber de socorrerle en situaciones de peligro o riesgo. Por lo tanto, pueden utilizarlo sin problema.

Causas de la anafilaxia

Los síntomas de anafilaxia aparecen después de que el niño haya tenido contacto previo con el alérgeno. Los alérgenos causantes más frecuentes en los niños son los alimentos, sobre todo la leche de vaca, el huevo, los frutos secos, los pescados y las legumbres. En segundo lugar, destaca el veneno de himenópteros y, por último, los medicamentos, como los antibióticos y antiinflamatorios.

Los síntomas aparecen poco después del contacto con el alérgeno, entre unos minutos y hasta las dos horas siguientes. Además, en ocasiones pueden aparecer en dos fases. Después de la recuperación completa de la primera, entre las 4 y 12 horas siguientes aparece de nuevo otra reacción similar a la primera. Por este motivo es aconsejable permanecer unas horas en observación hospitalaria tras tener una anafilaxia.

La anafilaxia puede afectar a cualquier órgano o sistema y lo que permite su identificación es la aparición de todos o algunos de ellos al mismo tiempo. Los síntomas que pueden aparecer son:

  • Cutáneos: enrojecimiento, habones o ronchas acompañadas de picor, inflamación en ojos, labios, lengua o cualquier otra parte del cuerpo. Un síntoma muy común y que suele ser el aviso de una reacción grave es el picor y enrojecimiento de las palmas de las manos y las plantas de los pies.
  • Respiratorios: tos, pitos o sibilancias, dificultad respiratoria, opresión en el pecho, tos, afonía o ronquera, estornudos, picor nasal, lagrimeo, etc.
  • Digestivos: vómitos, dolor abdominal, diarrea.
  • Circulatorios: disminución de la tensión arterial, acompañados de malestar, mareos, visión borrosa, sensación de angustia, pérdida de conciencia o incluso convulsiones. Cuando la reacción es grave puede provocar incluso la muerte.